Desde su rol en Buk, impulsa una visión de liderazgo basada en la confianza, la empatía y la construcción de equipos capaces de crecer con autonomía.
En un momento en que las organizaciones replantean la forma en que gestionan el talento, Carla ha encontrado en el liderazgo una oportunidad para impulsar cambios reales dentro de las empresas. Desde Buk, plataforma regional de gestión de personas nacida en Chile y hoy presente en varios países de Latinoamérica, trabaja acompañando a organizaciones que buscan construir culturas laborales más sólidas y sostenibles.
Para Carla, el crecimiento de una organización no depende únicamente de la tecnología o la estrategia, sino de la forma en que se lidera a las personas. Durante mucho tiempo sintió, como muchas mujeres en posiciones de responsabilidad, que debía demostrar que podía con todo. Con el tiempo comprendió que el liderazgo no consiste en mantener el control absoluto, sino en aprender a confiar.
A medida que su equipo fue creciendo, entendió que lo que realmente necesitaban no era una líder perfecta, sino una líder presente, transparente y humana. Incluso en un entorno comercial donde los resultados son fundamentales, decidió mantener algo que considera irrenunciable: las conversaciones honestas, la vulnerabilidad y el acompañamiento en el desarrollo individual.

Su forma de liderar se apoya en tres pilares claros. El primero es la transparencia, estableciendo objetivos medibles y expectativas precisas para que cada persona sepa exactamente cuál es su rol. El segundo es la autonomía responsable, confiando en el criterio del equipo y permitiendo que cada integrante asuma decisiones reales dentro de los proyectos. El tercero es la seguridad psicológica, creando espacios donde el error sea entendido como parte natural del aprendizaje.
Más allá de los resultados, su motivación también está en abrir camino para otras mujeres. Durante años se instaló la idea de que el desarrollo profesional y la vida personal eran caminos excluyentes. Carla cree que esa lógica debe cambiar. Para ella, el liderazgo femenino no es una versión más suave del modelo tradicional, sino una evolución que integra estrategia, empatía y visión.
Su mayor aspiración es que ninguna mujer sienta que debe pedir disculpas por su ambición o endurecerse para ocupar espacios de decisión. Porque cuando las mujeres confían en su capacidad estratégica y se atreven a asumir posiciones de liderazgo, no solo transforman sus propias trayectorias, sino también las culturas de trabajo que las rodean.