Entre la ciudad y el océano, este proyecto residencial propone una experiencia donde el diseño no solo se habita, sino que se siente en cada detalle.
En un distrito como Miraflores, donde la vida urbana convive con uno de los paisajes costeros más privilegiados de Lima, surgen propuestas que buscan ir más allá de la ubicación. Merino 190 responde a ese contexto desde una mirada más profunda: entender el entorno y traducirlo en una experiencia cotidiana que combine movimiento, pausa y conexión con el espacio.
Ubicado en la calle Ignacio Merino, a pocos pasos del malecón y rodeado de áreas verdes, el proyecto se inserta en una zona donde el día a día se construye entre caminatas, vistas abiertas y una relación constante con el exterior. A partir de ahí, la propuesta arquitectónica busca extender esa sensación hacia el interior, integrando el paisaje como parte activa de la experiencia de vivir.

Desarrollado por el estudio Atelier Reusche Reyna, el edificio se plantea como una transición entre dos mundos: la energía dinámica de la ciudad y la calma del océano Pacífico. La arquitectura toma elementos del entorno —la luz cambiante, las sombras, la textura del acantilado— y los traduce en un lenguaje contemporáneo, sobrio y coherente.
Uno de los aspectos más distintivos del proyecto está en su geometría. Inspirado en el cercano Parque María Reiche, el diseño incorpora patrones que evocan, de manera abstracta, las líneas de Nazca. Este guiño introduce una capa cultural que enriquece la propuesta sin imponerse, integrándose de forma natural a la estética general del edificio.

La fachada refuerza esta intención a través de celosías y superficies texturizadas que, además de aportar carácter, cumplen una función clave en la regulación de la luz y la temperatura, respondiendo de manera eficiente al clima costero. La elección de materiales sigue la misma lógica: tonos terrosos que dialogan con el entorno y el uso del vidrio para abrir visuales hacia el mar, generando un equilibrio entre protección y apertura.
En el interior, los espacios han sido diseñados con un enfoque claro en la habitabilidad. La distribución prioriza la entrada de luz natural y la ventilación cruzada, incorporando incluso baños con iluminación natural en varios departamentos. Balcones y terrazas amplias dejan de ser elementos complementarios para convertirse en extensiones reales del espacio, pensadas para ser vividas.


“La arquitectura de Merino 190 parte de una lectura del entorno. No se trata solo de diseñar un edificio, sino de interpretar la relación entre la ciudad, el mar y el paisaje, y traducirla en espacios que dialoguen con la vida cotidiana”, comenta Stefanie Bonarriva, gerente comercial de Aurora Grupo Inmobiliario.
Con 17 pisos y 59 unidades —que van desde flats de 81 m² hasta dúplex y penthouses de 286 m²— el proyecto propone una oferta diversa, adaptada a distintas etapas de vida, pero con una visión común: espacios funcionales, bien pensados y conectados con su contexto.


En un mercado inmobiliario competitivo, Merino 190 plantea una pregunta distinta: no solo dónde vivir, sino cómo hacerlo. La respuesta, en este caso, se construye desde la arquitectura, el entorno y la experiencia diaria.

Respaldado por más de 22 años de trayectoria, más de 1,000 clientes y una certificación Best Place to Live por siete años consecutivos, Aurora Grupo Inmobiliario reafirma con este proyecto su compromiso por desarrollar espacios que trascienden lo funcional para convertirse en lugares que realmente se habitan.