Reconocida entre las figuras más influyentes de la gastronomía global, la chef peruana consolida una propuesta que celebra el territorio, la biodiversidad y una mirada femenina que transforma la alta cocina.
Mirando tu recorrido profesional en perspectiva, ¿qué decisión o momento marcó un punto de quiebre en tu carrera como chef y te llevó al rol que ocupas hoy?
Estuve diez años siendo parte del equipo de Central, desde el 2009, pasando por todas las áreas de cocina. Con el tiempo, empecé a cuestionarme si era momento de iniciar mi propio camino y crear un lugar donde pudiera expresar, desde mi propia mirada, cómo veía la gastronomía y el territorio peruano.
Fue aproximadamente en el 2016 cuando comencé a considerar la posibilidad de abrir mi propio restaurante. Definitivamente fue una decisión difícil, donde existían ciertas dudas y miedos, pero ese momento fue clave.
De cierta manera, me armé de valor y tomé la decisión de hacerlo. Fue importante haber tomado la valentía para dar ese paso.
En una industria tan exigente como la gastronómica, ¿qué habilidades o hábitos tuviste que desarrollar y cuáles desaprender, para crecer y consolidarte profesionalmente?
En este mundo gastronómico hay ciertas cualidades que yo considero necesarias. Tratar de hacer siempre un trabajo disciplinado y ordenado, crear hábitos en cuanto a los horarios, y tener mucha perseverancia y paciencia. Son varios hábitos y actitudes necesarios para mantener un trabajo constante.
Por otro lado, todos quisiéramos tener habilidades perfectas y siempre positivas, pero eso no es real. La clave es saber identificar en qué uno es bueno, cuáles son sus habilidades y en qué es mejor. Cuando uno las identifica, puede explotarlas al 100%.
Hay un tema de perseverancia, de paciencia, de constancia y, sobre todo, de decisión.


Desde tu experiencia, ¿qué aprendizajes han sido más determinantes en tu evolución como líder: los técnicos o los humanos?
La experiencia de ser mamá fue y es un momento importante en mi carrera. Cuando me convertí en mamá, me dio otra mirada frente al equipo: me volvió mucho más sensible, más cercana y más dispuesta a tomarme el tiempo para escuchar a los demás.
En lo técnico, en el día a día en una cocina uno siempre aprende. La cocina es un espacio que te permite evolucionar constantemente; nunca se deja de aprender. Estar muy presente en el día a día, en la cocina y en el servicio, con los días y los años le permite a uno siempre mejorar.
¿Cómo trabajas hoy el desarrollo de talento dentro de tu equipo y qué valores o capacidades buscas potenciar en las nuevas generaciones de cocineros?
Buscamos personas curiosas, con pasión real por la cocina y la hospitalidad, pero sobre todo con compromiso. La cocina es un trabajo exigente, físico y mentalmente, así que la disciplina, la constancia y la perseverancia son claves. También valoramos mucho la actitud positiva y el poder trabajar en equipo.
Intento liderar desde el ejemplo, no desde una jerarquía. Creo que un equipo debe crecer unido, donde cada uno aporta desde sus fortalezas y se complementa con los demás. Me interesa formar un equipo enfocado y concentrado, pero que al mismo tiempo construya un ambiente cálido y familiar, donde haya respeto y también podamos disfrutar lo que hacemos cada día.

El desarrollo es constante. Tanto el equipo de cocina como el de sala pasan por entrenamientos y capacitaciones recurrentes, con amplio material de apoyo y contenido sobre Mater, que respalda nuestro trabajo. Además, buscamos que cada persona pueda expresar en qué quiere profundizar, para que su crecimiento sea un proceso compartido y consciente.
¿Recuerdas algún momento en el que tu seguridad o tu voz profesional se hayan visto desafiadas y que hoy consideres un aprendizaje clave?
Es normal que en una cocina o en cualquier otra área existan dudas, miedos o falta de seguridad. En mi caso, con el tiempo, el crecimiento y la madurez, las cosas fueron encajando mejor.
Hay un desarrollo muy personal que es cuestión de tiempo. Este tipo de crecimiento hace que uno se sienta mucho más seguro y confiado, no solamente con uno mismo, sino también con respecto al equipo que lidera. No hubo un momento específico; ha sido un proceso de años.
Desde tu mirada, ¿qué aporta el liderazgo femenino a la cocina y a la gestión gastronómica, especialmente en espacios de alta exigencia?
Puedo hablar desde mi experiencia y perspectiva. Para mí, no es cuestión de género, es cuestión de actitud. Considero que el trabajo de un hombre y una mujer como líderes puede ser igual de positivo. Desde mi posición, siento que puedo aportar sensibilidad y paciencia, en parte por mi experiencia de ser mamá.
Es un tema de abrir no solo los ojos, sino también los oídos, y poder generar un vínculo más cercano y humano con el equipo. Y eso no significa menos exigencia. En la cocina de Kjolle hay un nivel de exigencia alto, porque somos un espacio profesional y serio, con metas claras. Pero a la vez, creo que es un espacio muy cálido y cercano, de buen ambiente, donde se siente tranquilidad y paz de pertenecer al equipo. Compartimos finalmente una misma visión.
Compartes tu vida con una de las figuras más influyentes de la gastronomía mundial. ¿Cómo se construye una relación de pareja donde ambos lideran proyectos de gran visibilidad sin que lo profesional invada lo personal?
Es cuestión de tiempo y de aprender a conocerse. La manera en que Virgilio y yo trabajamos hoy no es la misma que en los primeros años.
Definitivamente los primeros años fueron más retadores. Empezamos a conocernos, a identificar en qué era bueno él y en qué era buena yo, y cómo podemos complementarnos. Después de muchísimos años de trabajo, sabemos bien cuál es la función, las aspiraciones y la pasión de cada uno.

Hemos logrado un buen espacio de trabajo y de convivencia, sabiendo separar los momentos donde se habla de familia y donde se habla de trabajo. Hay mucho respeto y comunicación. Tenemos la confianza para decirnos las cosas como son y saber que no son dichas de manera personal, sino de una manera profesional.
Trabajamos tranquilos, contentos y siempre hacia el mismo camino. Igualmente, cada uno tiene sus propias metas y gustos, y ahí entra el respeto.
¿Cómo proteges tu identidad profesional y tu propio camino dentro de un ecosistema tan expuesto y competitivo?
Todo parte de ser muy sincera y honesta conmigo misma: saber quién soy, qué quiero mostrar, qué quiero hacer, qué quiero comunicar, y qué quiero compartir. Esa sinceridad te da la seguridad para mantenerte, avanzar y evolucionar.
Cuando uno es sincero, está confiado y decidido, todo es más sencillo. Siempre hay competencia, pero lo importante no es compararse con el resto, sino con uno mismo, y seguir creciendo y evolucionando respecto a la persona que uno fue antes.
Es un mundo competitivo y duro. Hay que mantenerse presente, adelantarse al futuro, tener la mente abierta para adaptarse a distintas situaciones y, sobre todo, mantenerse enfocado y rodeado de gente que te sume.
Sobre tu participación en Madrid Fusión 2026. Más allá del evento, ¿qué crees que la gastronomía peruana está comunicando hoy al mundo y cómo dialogan tradición e innovación cuando cocinas para audiencias internacionales?
La gastronomía peruana siempre tiene la oportunidad de hablar sobre biodiversidad, territorio, cultura, y arte. Eso es lo que comunica al mundo.
Es indispensable hablar de tradición, especialmente en espacios como Madrid Fusión. Hablamos de cómo mantener vigentes técnicas, métodos, historia y arte. Y, al mismo tiempo, de cómo comparte espacio con la innovación, y cómo puede ser utilizada y adaptada a nuestros tiempos.
Se trata de optimizar la tradición y darle un uso actual para lograr resultados positivos hoy.

En esta etapa de tu vida, ¿qué significa para ti el éxito y qué proyectos o sueños te gustaría desarrollar hacia el futuro?
Hoy en día, gracias al tiempo, la madurez, el desarrollo personal y al tener un buen equipo, para mí el éxito es encontrar paz. De lograr irme a dormir por la noche tranquila.
Es difícil, no se logra eso fácilmente, pero voy encontrando el camino. Busco un equilibrio entre el trabajo y mi familia. El éxito sería sentir mucha calma, paz, y estar rodeada de los que uno quiere.
Ahora estoy muy concentrada en lo que tenemos hoy: Kjolle, Mater, y Casa Túpac. Pero definitivamente hay ganas de seguir haciendo cosas nuevas. Si aparecen las oportunidades, estoy dispuesta. Tengo ganas, tengo fuerza y hay equipo.