Desde su plataforma “Mamá Sin Caos”, construye una comunidad que cuestiona los estándares tradicionales de éxito y propone una forma más consciente de vivir, maternar y crecer.
En un contexto donde el éxito suele medirse desde la productividad y el control, Catalina Schaerer propone una narrativa distinta: una vida construida desde el autoconocimiento, el equilibrio y la aceptación del proceso. Hoy se define como una mujer que ha aprendido a no perderse en sus múltiples roles, especialmente en la maternidad, y que ha logrado construir una relación más sana con el error, la incertidumbre y las expectativas externas.
Su historia está atravesada por momentos que marcaron puntos de quiebre profundos. Una depresión hace diez años, su experiencia como madre durante los últimos ocho y una separación reciente la llevaron a reconstruirse en distintas etapas. Lejos de ver estos procesos como retrocesos, los entiende como aprendizajes que le han permitido alcanzar una sensación de libertad y paz más auténtica.
Uno de los momentos más decisivos en su camino profesional surgió en medio de la exigencia cotidiana. Mientras ejercía como abogada independiente y atravesaba una etapa demandante de la maternidad, una experiencia puntual con un cliente la llevó a cuestionar el modelo de éxito que estaba intentando sostener. Ese episodio marcó un antes y un después: entendió que su trabajo no era compatible con su bienestar ni con la vida que quería construir.
A partir de esa decisión, dejó el derecho y apostó por un camino completamente distinto. Así nació “Mamás Sin Caos”, una plataforma desde la cual comparte herramientas, reflexiones y experiencias orientadas a acompañar a otras mujeres, especialmente madres, a encontrar una vida más equilibrada, consciente y alineada con sus propias prioridades.

Desde su mirada, el liderazgo femenino en Chile está evolucionando hacia una etapa más auténtica. Observa mujeres que ya no buscan validación constante ni responden a moldes tradicionales, sino que construyen desde su propia identidad, con mayor seguridad y menos necesidad de aprobación externa. Para ella, el cambio no está solo en ocupar espacios, sino en transformarlos.
En cuanto al crecimiento profesional, insiste en la importancia de desarrollar una relación sana con la incomodidad, el error y el rechazo. Entiende que los procesos no son lineales y que cada mujer debe construir su propio ritmo, sin responder a estándares ajenos. En una región donde aún predomina una visión inmediata del éxito, destaca el valor de apostar por trayectorias más sostenibles, equilibradas y coherentes con la vida personal.
Su mensaje hacia otras mujeres es claro: antes de aprender de negocios, es necesario trabajar en las barreras internas. El miedo, la duda y el autosabotaje siguen siendo obstáculos frecuentes, y solo a través de la conversación, el intercambio y el apoyo mutuo es posible superarlos.
Así, su historia no solo habla de reinvención, sino de una forma distinta de liderar la propia vida. Una que no busca encajar, sino construir desde la autenticidad, incluso cuando eso implique empezar de nuevo.