En su desfile debut de Alta Costura para Chanel, Matthieu Blazy presenta una colección que revela un diálogo silencioso entre la mujer, la prenda y la historia que ambas deciden contar.
“La Alta Costura es el alma misma de Chanel”, afirma Blazy, y esa declaración se convierte en el hilo invisible que cose cada silueta. Aquí, las prendas acompañan, respiran con quien las lleva, se mueven con ella y se convierten en un lienzo donde la identidad personal encuentra forma y resonancia.
Desde el primer look, el traje Chanel aparece depurado hasta su esencia. Construido en transparencias de muselina de seda, en tonos suaves y casi etéreos, se presenta como un recuerdo delicado, una superposición de historias pasadas y presentes. En sus detalles emergen símbolos profundamente emocionales: una carta de amor bordada, un frasco de N°5, un labial rojo.






Estos objetos íntimos se esconden y se revelan en los bolsillos, en los forros, suspendidos de la icónica cadena o reinterpretados en el bolso Chanel como un palimpsesto de memorias. La vida interior se vuelve visible, la Alta Costura, se transforma en una declaración de amor tanto al oficio como a la emoción.
El desfile avanza y ocurre la metamorfosis. Las mujeres comienzan a convertirse en aves, no como disfraz, sino como símbolo. Cada una distinta, cada una única. A través del saber hacer de los ateliers de flou y tailleur, y del trabajo artesanal de le19M, surgen siluetas que evocan plumajes sin recurrir literalmente a la pluma. Bordados, plisados, superposiciones y tejidos construyen cuerpos alados que sugieren libertad y movimiento.
Desde el negro profundo del cuervo, donde el corte y la fluidez dialogan con precisión absoluta, hasta explosiones de color que recuerdan a la espátula rosada o la cacatúa crestada, la colección despliega una fauna poética. Palomas grises, garzas de líneas puras, aves domésticas y exóticas conviven en un mismo universo onírico.






En escena, este vuelo se da en un bosque encantado. Hongos monumentales, sauces suspendidos en el tiempo. Las aves se reúnen, observan, conspiran y finalmente desaparecen. No hay final cerrado. Solo una sensación de libertad que se escapa suavemente, como la Alta Costura misma.
Blazy ancla la colección en los arquetipos de Chanel, pero los libera de cualquier peso histórico. Los convierte en parte de un sueño. Por un instante, la moda se detiene, se vuelve poesía y luego se desvanece.