Por Ángel Masegosa. En Ellas Internacional presentamos en exclusiva a Isabel Pantoja, una artista cuya voz ha atravesado generaciones y cuya historia se ha convertido en parte de la memoria emocional de su público. A 50 años de trayectoria, su presencia sigue convocando algo que va más allá de la música, una forma de sentir, de recordar y de conectar.
Su recorrido ha construido un vínculo profundo con Latinoamérica, donde cada regreso se vive como un reencuentro. No se trata solo de escucharla, sino de reconocer en su interpretación una emoción compartida que ha permanecido en el tiempo.
En esta edición, nos acercamos a su presente desde un lugar más íntimo, donde comparte su mirada, sus silencios y la fuerza que la mantiene firme en una pasión que no entiende de tiempo.
Entrevista exclusiva
1.A lo largo de su carrera, su voz ha sido refugio para millones de personas… ¿En qué momentos de su vida la música también ha sido su propio refugio y qué le ha enseñado sobre la fortaleza del alma?
Nací con la música, me crié con ella y siempre me ha acompañado y acompañará para el resto de mi vida. Ha sido mi refugio para todo. El único desahogo con el público que yo tengo es la música.
2. Latinoamérica la ha abrazado siempre con una devoción única… ¿Qué siente cuando pisa esta tierra y cómo describiría el vínculo emocional que la une con este público que la ha hecho suya?
Es indescriptible solo con palabras. Agradezco eternamente la acogida que he tenido desde que pisé por primera vez esta tierra a finales de los años 70 hasta hoy, y siempre ha sido una maravilla lo que me hacen sentir y creo que ese sentimiento es mutuo. La prueba es que llevo más de 50 años en los escenarios y en primera fila gracias a todos mis fans.
3. Su interpretación tiene una intensidad que trasciende generaciones… ¿De dónde nace esa verdad tan profunda que transmite en cada canción y cómo logra mantenerla viva con el paso del tiempo?
Aparte de cantar con la garganta, obviamente, yo canto con mi corazón, todo lo que canto me lo creo. Hay cosas que son vivencias mías y otras no, pero me meto dentro de cada una de las letras interpretándolas. Creo en la esencia de cada canción y en transmitirla como debe ser, y cuando ves desde el escenario que llega al público ves que sienten y se emocionan, todo eso es arte. El apoyo del público, su aplauso, es el premio más grande que he recibido nunca y gracias a eso Isabel Pantoja sigue de pie y cantando para ellos.
4. Después de tantos escenarios y aplausos, hay una esencia que permanece intacta… ¿Quién es Isabel cuando se apagan las luces y qué es lo que hoy más valora de ese silencio?
Isabel Pantoja es la que está encima del escenario y cuando cruza la puerta del camerino cuando se apagan las luces soy Maribel, mi nombre abreviado. Así me llaman mis hijos, mis hermanos, todos mis seres queridos. Es decir, la artista se queda en el escenario con ese último aplauso. Luego, continuo con mi vida como cualquier otra persona, con mi día a día y rutinas, tareas de hogar. Yo tengo muy claro quién es Isabel Pantoja y quién es Maribel. Aunque somos la misma, una es encima del escenario y la otra es en mi vida cotidiana.
5. Para quienes sueñan con dejar huella a través del arte… ¿Qué les diría sobre el valor de la autenticidad, la entrega y el amor por lo que hacen?
Ser uno mismo, luchar por lo que se siente y por aquello en lo que uno quiere convertirse. Gracias a Dios, solo he necesitado de maestros y compositores, de copla y de otros géneros musicales para formarme, pero siempre he sabido imprimir mi propia personalidad y mi manera de interpretar en cada una de esas enseñanzas. A partir de ahí, lo único que necesitaba era el “sí” de un público que me quiere y me cuida, y gracias a ellos sigo estando aquí.
6. Y con tantos sueños cumplidos, siendo un referente mundial… ¿Con qué sueña hoy en día Isabel?
Sueño con salud, paz e igualdad. A mi me encantaría si pudiera volver a ser niña el tiempo que me queda. Hay que cuidar muy bien a esos niños porque son los únicos que tienen la mente pura.

