22 kms de puro aprendizaje
Soy Erika Dammert. Mamá, Consteladora Familiar, Especialista en Logro de Metas y ultranadadora. Tengo 51 años, y a mis 50 me convertí en ultranadadora. Porque nunca es tarde para empezar… cuando te eliges a ti.
Hay rutas que no solo se nadan. Se viven.
La Ruta Olaya, ese tramo entre Pescadores y La Punta, en el Callao, son 22 kilómetros en mar abierto. Pero no es solo distancia. Es todo lo que pasa adentro.
Esta historia empieza con José Olaya, pescador y mártir, que usaba este mismo mar para llevar mensajes en plena guerra. Lo capturaron, lo torturaron y nunca habló. Por eso esta ruta no es solo deportiva. Es memoria, valentía y legado. Y es así como Perú Swimmers empieza esta icónica ruta ya con XIX ediciones. Todo empieza a las 4:00 a.m. Oscuro. Frío. Silencio. A las 6:00 a.m. se parte. Sin margen. Sin excusas. La logística es intensa: bote, kayakista, alimentación, hidratación. Todo pensado. Yo llevo lo mío: agua, Fuxion, platanitos, chocolate, sanguchitos de jamón y queso. Cada 45 minutos, a veces cada hora, parar, tomar y seguir. Porque en el mar no llega el más fuerte. Llega el que se sabe sostener.

La primera vez no se me olvida nunca. Febrero 2025. Mi primera Olaya. 8 h 20 min. No sabía bien en qué me estaba metiendo y tal vez por eso salió así: más natural, sin sufrir tanto. En el bote estaba mi papá. No decía mucho… pero estaba. Y eso lo era todo. En el agua, mi partner Lucía Corso. Es impresionante cómo nadamos igual. El mismo ritmo, la misma energía. No hay que hablar, el cuerpo entiende. Y guiándonos siempre, Gustavo Lores, nuestro coach. Un capo. De esos que no solo saben nadar, ya que es el mejor nadador de aguas abiertas del Perú y 12vo en el mundo, sino que saben leer el mar y nos lo enseña día a día gracias a su team: El Team Tavo.
Esa primera vez fue una locura. De las que te sacan de quien eras… y te devuelven distinta. La segunda fue otra historia. Primera edición de La Olaya Inversa. De La Punta a Pescadores. 22 kms. “Contracorriente”, decían. Pero Dios y el mar tenían otros planes. Ese día decidieron empujar. Y cuando el mar decide, no hay estrategia que valga. Llegamos en 5 h 28 min. No lo podíamos creer. Una locura total. Solo nos aventuramos 18 personas y, por mi parte, fue la mejor decisión.
En esta Olaya entendí algo que me marcó y reafirmó la primera fuerza del amor de las constelaciones familiares: Sí a la vida tal y como es, no como yo quiero que sea. Pero en este caso la vida lo hizo de manera espectacular. Otra vez decidimos nadar juntas, otra vez con mi partner Lucía. Otra vez sintiendo que cuando estás con las personas correctas, todo se vuelve más liviano, incluso algo tan retante.
La tercera Olaya fue la que más me ha costado. Febrero 2026. 7 h 20 min. Venía de una semana de resfrío. El cuerpo no estaba al 100%. Pero ahí estuvimos, felices y con toda la actitud. Había neblina, primera vez con nuestra kayakista, nuestros relojes decidieron no funcionar. Tuve que usar mucha cabeza, pensar en la frase del coach “Solo nada y nada más”, y sobretodo rezar mucho toda la ruta para encontrar la calma en medio de la tormenta, ya que el mar estaba muy desafiante ese día. Gracias a Dios nunca he querido abandonar. Mente de deportista, le dicen. Pero pasé por todo: duda, resistencia, cansancio profundo, silencio. Y después… algo cambia. Te rindes, pero no desde la derrota. Desde la entrega. Y ahí aparece la presencia. Esa que no se puede explicar, pero se siente. Y algo que hoy agradezco profundamente: en ninguna de las tres Olayas hemos tenido lesiones. Porque esto no es solo fuerza. Es alineación.
Y llegar… tampoco se explica.
Ya que en la orilla siempre está mi todo: mi hija Gia. Con ella mi mamá y mis amigos. Y otra vez, ahí, al lado mío, cruzando la meta de la mano: Lucía Corso. Tres Olayas juntas. Y no es casualidad. Nadamos igual. Sentimos igual. Nos leemos sin hablar. Por eso somos las partners perfectas. Porque cuando dos personas vibran en la misma frecuencia, el desafío deja de ser individual y se vuelve compartido. El mar no negocia. Pero siempre responde.

Te empuja. Te frena. Te prueba. Y si te quedas… te muestra.
Hace 100 años, Gertrude Ederle abrió una puerta cruzando el Canal de la Mancha. Gracias a eso, hoy estamos acá. Nadando. Eligiendo. Expandiendo. No somos muchos. Pocos miles en el mundo hacen ultradistancia en aguas abiertas. Pero no se trata de cuántos somos. Se trata de quién te conviertes cuando entras al mar… y decides seguir.
Tres Olayas. Tres versiones de mí. Y una verdad que no negocio: el mar no te cambia… te revela. Y si algo de todo esto te resuena, te dejo lo que a mí me ha sostenido, con profunda gratitud por cada persona, cada aprendizaje y cada brazada: Cuando quieras lograr una meta, únete a las personas correctas. Si dudas de ti, ellos te van a ayudar a sostenerte. Recuerda: nunca es tarde para empezar algo que te va a llenar el alma.
Confía. Arriesga.
Te mereces lo mejor del mundo.Fuerte abrazo,
Erika Dammert